DESCIFRANDO LA CREACION
Génesis 1:1 dice que en el principio Dios creó los Cielos y la Tierra, pero el versículo 2 indica que algo ocurrió después de la creación original, puesto que dice: “Y la Tierra estaba desordenada y vacía”. La traducción correcta del versículo 2 debe ser: “Y la Tierra se volvió desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”. Ver Génesis 19:26, donde la misma expresión hebrea que se traduce como “estaba” en Génesis 1:2, se traduce “se volvió”: “La mujer de Lot miró hacia atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”. Asolamiento y restauración Las palabras “desordenada y vacía” vienen de dos palabras hebreas, tohu y bohu, que se emplean juntas en el original aquí y en otras dos ocasiones que describen una destrucción masiva como consecuencia del pecado: Isaías 34:11 y Jeremías 4:23. La palabra para “desordenada” es tohu y se encuentra en otros 17 versículos, siempre en el contexto negativo de algo enteramente vacío, sin valor o en estado de confusión. Sin embargo, Dios dice en Isaías 45:18 de la Tierra que Él “la ha fundamentado y no la creó caótica, sino que para ser habitada la plasmó” (Biblia de Jerusalén). Con esto en mente, debemos preguntarnos por qué y cómo cayó la Tierra en el estado en que la vemos en Génesis 1, versículo 2.
Isaías 14 habla de una rebelión perpetrada por un poderoso ser angélico que pretendía arrebatarle el Universo a su Creador: “¡Cómo caíste del Cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al Cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (vs. 12-14). A esta misma rebelión se refiere Ezequiel 28, que comienza con un príncipe que es el gobernante humano de Tiro, pero luego pasa a hablar de un ángel caído que es la potencia detrás del príncipe. “Tú, querubín grande, protector… Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad… por lo que yo te eché del monte de Dios,y te arrojé de entre las piedras del fuego” (vs. 14-16, ver también los vs. 12-13). No podemos saber con seguridad si esta rebelión fue lo que puso fin repentino a la era de los dinosaurios, o si la rebelión ocurrió más tarde. Hay mucho que no comprendemos a fondo, pero sí es evidente, por Génesis 1:1-2 y otros pasajes, que el Universo físico se creó y más tarde cayó en desorden a causa de una rebelión angélica. Solo después de esta rebelión y destrucción llegamos a Génesis 1:3, donde Dios comenzó de nuevo a dar forma y elaboración a la Tierra.
El mundo en que vivimos es muy diferente del mundo de los dinosaurios. No hay indicios de que coexistieran hombres con reptiles del tamaño de árboles, y la mejor interpretación que se tiene del registro geológico parece señalar muy claramente que no fue así. Cuando por fin apareció el hombre en la escena, gran parte del “mundo jurásico” ya estaba sepultado bajo montañas de tierra.
La teoría creacionista de la Tierra joven pretende explicar todos los estratos geológicos, tendidos uno sobre otro, con todos los fósiles que ellos encierran, como resultado del diluvio universal en tiempos de Noé. Pocos científicos serios prestan la menor atención a tales ideas,y con razón. Aunque el diluvio de Noé sí ocurrió, una inundación universal hace 4.000 años no explica un mundo lleno de dinosaurios. El registro geológico no muestra indicio alguno de que los dinosaurios coexistieran con el hombre. Puede haber ligeras objeciones en cuanto a la precisión de los métodos científicos de fechado con radiocarbono, potasio-argón u otros; pero si hacemos de lado todo sesgo preconcebido, tenemos que aceptar que la Tierra es bastante más antigua de lo que quieren reconocer los creacionistas seguidores de la teoría de la Tierra joven. Aun concediendo que las diversas técnicas encierran cierta inseguridad, lo cierto es que los métodos de fechado y otras consideraciones, como el tiempo que tarda la luz en viajar de estrellas distantes a la Tierra, colectivamente presentan un cuadro convincente de una Tierra y un Universo que empezaron hace mucho más de 6.000 años. Y tal como hemos visto, estos datos no contradicen la Biblia. Aunque la humanidad y la vida actual efectivamente se crearon hace 6.000 años, tal como dice la Biblia, la Tierra tiene una historia mucho más antigua, que deja mucho lugar para los dinosaurios en su lejano pasado,antes de la destrucción descrita en Génesis 1:2.
Ahora, ¿acaso esto significa que tengamos todas las explicaciones para el misterioso pasado de la Tierra? No. Muchos rechazan la llamada “teoría del intervalo” o “teoría de ruina y restauración” que hemos expuesto aquí, pero hasta la fecha es la mejor explicación para armonizar las verdades claras de la Biblia y la evidencia arrolladora de la ciencia. No debemos tomar las ideas científicas actuales como la última palabra ni debemos descontar todo lo científico. Allí donde hay evidencia firme que no contradice la Palabra de Dios, debemos aceptarla. En cambio, cuando las ideas concebidas por seres humanos, como la evolución darwiniana, carecen de apoyo en evidencia firme y contradicen claramente la Palabra de Dios, debemos descartarlas sin temor alguno.
Isaías 14 habla de una rebelión perpetrada por un poderoso ser angélico que pretendía arrebatarle el Universo a su Creador: “¡Cómo caíste del Cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al Cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (vs. 12-14). A esta misma rebelión se refiere Ezequiel 28, que comienza con un príncipe que es el gobernante humano de Tiro, pero luego pasa a hablar de un ángel caído que es la potencia detrás del príncipe. “Tú, querubín grande, protector… Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad… por lo que yo te eché del monte de Dios,y te arrojé de entre las piedras del fuego” (vs. 14-16, ver también los vs. 12-13). No podemos saber con seguridad si esta rebelión fue lo que puso fin repentino a la era de los dinosaurios, o si la rebelión ocurrió más tarde. Hay mucho que no comprendemos a fondo, pero sí es evidente, por Génesis 1:1-2 y otros pasajes, que el Universo físico se creó y más tarde cayó en desorden a causa de una rebelión angélica. Solo después de esta rebelión y destrucción llegamos a Génesis 1:3, donde Dios comenzó de nuevo a dar forma y elaboración a la Tierra.
El mundo en que vivimos es muy diferente del mundo de los dinosaurios. No hay indicios de que coexistieran hombres con reptiles del tamaño de árboles, y la mejor interpretación que se tiene del registro geológico parece señalar muy claramente que no fue así. Cuando por fin apareció el hombre en la escena, gran parte del “mundo jurásico” ya estaba sepultado bajo montañas de tierra.
La teoría creacionista de la Tierra joven pretende explicar todos los estratos geológicos, tendidos uno sobre otro, con todos los fósiles que ellos encierran, como resultado del diluvio universal en tiempos de Noé. Pocos científicos serios prestan la menor atención a tales ideas,y con razón. Aunque el diluvio de Noé sí ocurrió, una inundación universal hace 4.000 años no explica un mundo lleno de dinosaurios. El registro geológico no muestra indicio alguno de que los dinosaurios coexistieran con el hombre. Puede haber ligeras objeciones en cuanto a la precisión de los métodos científicos de fechado con radiocarbono, potasio-argón u otros; pero si hacemos de lado todo sesgo preconcebido, tenemos que aceptar que la Tierra es bastante más antigua de lo que quieren reconocer los creacionistas seguidores de la teoría de la Tierra joven. Aun concediendo que las diversas técnicas encierran cierta inseguridad, lo cierto es que los métodos de fechado y otras consideraciones, como el tiempo que tarda la luz en viajar de estrellas distantes a la Tierra, colectivamente presentan un cuadro convincente de una Tierra y un Universo que empezaron hace mucho más de 6.000 años. Y tal como hemos visto, estos datos no contradicen la Biblia. Aunque la humanidad y la vida actual efectivamente se crearon hace 6.000 años, tal como dice la Biblia, la Tierra tiene una historia mucho más antigua, que deja mucho lugar para los dinosaurios en su lejano pasado,antes de la destrucción descrita en Génesis 1:2.
Ahora, ¿acaso esto significa que tengamos todas las explicaciones para el misterioso pasado de la Tierra? No. Muchos rechazan la llamada “teoría del intervalo” o “teoría de ruina y restauración” que hemos expuesto aquí, pero hasta la fecha es la mejor explicación para armonizar las verdades claras de la Biblia y la evidencia arrolladora de la ciencia. No debemos tomar las ideas científicas actuales como la última palabra ni debemos descontar todo lo científico. Allí donde hay evidencia firme que no contradice la Palabra de Dios, debemos aceptarla. En cambio, cuando las ideas concebidas por seres humanos, como la evolución darwiniana, carecen de apoyo en evidencia firme y contradicen claramente la Palabra de Dios, debemos descartarlas sin temor alguno.
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