COMO AMAR Y ADORAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

Jesucristo dijo que el gran mandamiento es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. ¡Hemos de servir a Dios con todo nuestro ser! Siempre que pensamos, decimos o escuchamos algo bueno, hermoso o maravilloso, ¡debemos pensar en Dios! Recordemos estas palabras inspiradas del apóstol Santiago: "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación" (Santiago 1:17). Porque usted ama a Dios, porque sabe que su camino es el correcto, porque realmente lo adora; debe meditar en la ley y en la Palabra del Creador todos los días, como lo hacía David. Debe estudiar la Biblia con regularidad para vivir conforme a toda Palabra de Dios. Debe orar a Dios siempre, con sinceridad y de todo corazón; tal como lo hacía Jesús, de lo cual nos dejó el ejemplo. Cada vez que encontremos en la Palabra de Dios que Él nos manda a hacer algo, debemos responder inmediatamente y sin titubeos: "¡Sí, Señor!". Sin discutir, razonar ni tratar de evadir el asunto como hacen tantos que se consideran cristianos.
Sabiendo que Él nos hizo y que nuestra vida le pertenece realmente, debemos presentar nuestro cuerpo "en sacrificio vivo", tal como Dios ordena (Romanos 12:1). Debemos servir y obedecer a Dios con todo nuestro ser y con el corazón bien dispuesto. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para preparamos y para llevar adelante la obra de llegar a otros con el mensaje del venidero Reino de Dios, el cual traerá por fin paz a la Tierra. Nuestra actitud debe ser invariablemente como la de Jesucristo, nuestro ejemplo, quien, cuando se le pidió la vida, respondió: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). ¡Esta es la verdadera adoración a Dios! ¡Así es como se guarda "el primero y el grande mandamiento"!

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