LA ORACION FINAL DE JESUS

Esta es la magnífica oración de Jesús que pronunció la víspera de su muerte y que tanto nos inspira hoy: "Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti… Yo te he glorificado en la Tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:1, 4-5).
Más tarde dijo: "No ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado" (vs. 20-23).
Aquí nuestro Salvador, que fue Dios en la carne y de quien Dios se sirvió al principio para crearlo todo (Juan 1:3), le estaba rogando al Padre que dotara a sus discípulos de la gloria que Él mismo había tenido junto con el Padre desde la eternidad.
En esta última sección de la oración más inspiradora de Jesús, es claro que oraba por nosotros, por los que hoy creemos "por la palabra" que los discípulos escribieron para nosotros en la Biblia. Pidió "que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Juan 17:20–21).
En la resurrección, los verdaderos cristianos, los vencedores, nacerán del Espíritu convirtiéndose en miembros plenos de la Familia de Dios y serán uno con Dios y con Cristo como Ellos son uno entre sí. Observemos que Jesús afirma que la gloria magnífica que Dios le había dado también se la dio Jesús a sus seguidores: "para que sean uno, así como nosotros somos uno" (v. 22).
¡No puede ser más claro!
Este versículo indica definitivamente que seremos hijos plenos de Dios y miembros reales de la Familia divina. Seremos "uno" con Dios y con Cristo ¡tal como Ellos son uno!
Actuando con los seres humanos por medio de su Espíritu, y permitiendo que cometamos errores y pasemos por pruebas y dificultades, que ensayemos nuestras propias formas de gobierno, educación y religión netamente humanos, Dios nos lleva finalmente al punto de entrega total a Él. Luego, siempre por medio de su Espíritu, estaremos capacitados para recibir el glorioso poder delCreador como miembros plenos de la Familia de Dios. Entonces podremos andar, caminar y "comulgar" con Dios y Jesucristo de un modo que hoy apenas podemos imaginar. Como miembros de la Familia de Dios participaremos en la obra de gobernar y en resolver los asuntos que de allí surjan, y ayudaremos a completar el plan de Dios en todo el Universo. Tendremos un cuerpo espiritual. Jamás nos cansaremos. Jamás enfermaremos. Jamás estaremos desanimados porque seremos espirituales gloriosos dentro de la Familia divina y creadora del Universo. Este es el increíble futuro que espera a quienes están dispuestos a entregarse a su Creador y hacer su voluntad.
Todos los sufrimientos anteriores de la humanidad, las pruebas y dificultades, los campos de tortura, la pérdida de seres queridos por enfermedad, accidente o guerra; todas las penas y tristezas que padecemos porque la humanidad, entre ella nosotros mismos, hemos seguido el camino errado, ¡van a desaparecer! La Biblia nos consuela diciendo: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:4). Que Dios nos ayude a comprender su propósito final, la verdadera razón por la cual nacimos. Y que nos ayude a ser humildes y a estar dispuestos a estudiar su Palabra inspirada, a comprobar estas cosas a nuestra entera satisfacción y para acudir a su Espíritu con el fin de "hacer firme nuestra vocación y elección".

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