VIVIENDO COMO DIOS MANDA

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
2 Pedro 1:19 (RVR1960)
 La palabra de Dios nos alienta, inspira,  sostiene y nos instruye en nuestro caminar con Dios.
Recuerdo los días en que Jesús empezó a ser parte de mi vida, la sed que se despertó en mí, por su palabra, y el anhelo de conocerlo más a través de su lectura. Esto fue como un despertar hacia lo desconocido, pero desde ahí   emprendí  un viaje maravilloso hacia el conocimiento de la verdad.
La mayoría de las veces cuando termino una lectura le doy gracias, porque su palabra  se convierte en vida dentro de mí y puedo escuchar  su voz  hablándome.
En diferentes situaciones y sobre toda dificultad, recuerdo versículos que me alientan a seguir.  Los repito con mis labios, para que hagan eco en mi corazón,  en mi alma, y con ello  todo mi  ser  sea iluminado por  su palabra, porque es la única que renueva mi mente y refresca mi alma.
Ahora como padres hemos tomado la responsabilidad de instruir a nuestros hijos  con la palabra de Dios y cada noche cuando nos reunimos a hacer nuestro devocional familiar, leemos la palabra de Dios, repetimos versículos y  los aprendemos. Con esto les enseñamos  que papá y mamá  no estarán en sus vidas por siempre, pero  la palabra de Dios seguirá susurrándoles a sus oídos  y alentando sus corazones a no pecar.
¿Con qué limpiará el joven su camino?
Con guardar tu palabra.
Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos.
En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
Salmos 119:9-11
 
“La Biblia contiene la mente de Dios, el estado del hombre, el camino de
la salvación, la condenación de los pecadores, y la felicidad de los
creyentes. Sus doctrinas son santas, sus preceptos son determinantes, sus
historias son verdaderas, y sus decisiones son inmutables.
Leala para ser sabio, créala para estar protegido, y practíquela para ser
santo. Contiene la luz para guiarlo, alimento para sustentarlo, y consuelo
para alegrarlo. Es el mapa del viajero, el bastón del peregrino, la brújula
del piloto, la espada del guerrero, y la carta magna del cristiano.
Ahí el paraíso es restaurado, los cielos son abiertos, y las puertas del
infierno reveladas. Cristo es su gran tema, su diseño nuestro bien, y
la gloria de Dios su fin. Debe llenar la memoria, controlar la mente y el
corazón, y guiar los pies.
Léela atentamente, frecuentemente, y en oración. Es una mina de riqueza,
un paraíso de gloria, y un río de placer. Te es dada en la vida,
te será abierta en el juicio, y será recordada por siempre. Involucra la
mayor responsabilidad, recompensa el mayor trabajo, y condena a
aquellos que menosprecian su contenido santo.”

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